Un crooner que no sonaba a nostalgia: Tony Bennett pasó siete décadas cantando como quien conversa con la banda, sin gritar nunca y sin que nadie lo olvidara. Aprender a escuchar su voz es aprender a escuchar lo que hay entre las notas.
Nacido Anthony Dominick Benedetto el 3 de agosto de 1926 en Astoria (Queens, Nueva York), se convirtió en una de las grandes voces del jazz y la canción popular estadounidense. Murió en Manhattan el 21 de julio de 2023, a los 96 años, con una carrera que acumuló una docena larga de Grammy y el Kennedy Center Honors de 2005.
Lo que le separa de otros cantantes de su generación es que nunca se encerró en el museo: pasó de los éxitos de los años 50 a los duetos con Amy Winehouse o Lady Gaga sin cambiar de voz, solo de público. Para empezar, aquí van cinco puertas de entrada.
Rags to Riches
Uno de sus primeros grandes éxitos, de 1953: orquesta en pleno vuelo y una voz que todavía empuja más de lo que luego aprendería a contener. Sirve para entender de dónde partió y por qué su fraseo posterior es una decisión, no una limitación. Para quien quiera ver el Bennett joven antes del Bennett sabio.
I Left My Heart in San Francisco
Su canción-bandera. Es el tema que la gente conoce aunque no sepa quién la canta, y funciona porque Bennett la interpreta sin sobreactuar la nostalgia. Imprescindible si lo único que has oído de él es un anuncio o una película.
Steppin' Out with My Baby (Live on MTV Unplugged)
La versión del directo de MTV Unplugged, el disco que lo puso delante de una generación que no sabía quién era. Aquí hay swing, humor y complicidad con la banda: la prueba de que el jazz vocal puede ser divertido. Ideal para quien cree que esto es música de abuelos.
Body and Soul (con Amy Winehouse)
Incluida en Duets II, es una de las últimas grabaciones de estudio de Winehouse. Dos voces muy distintas, una frágil y otra de oficio, que se escuchan de verdad. Para quien llega desde Amy y quiere ver con quién se medía.
Cheek to Cheek (con Lady Gaga)
El tema que da nombre al disco que Bennett grabó con Lady Gaga, una apuesta que podía haber sido un gesto de marketing y terminó siendo un álbum de jazz creíble. Para quien conoce a Gaga y nunca ha pisado un standard.
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