Cinco canciones para conocer Macklemore

Hay una forma rápida de medir si un artista tiene algo que decir: comprobar cuánto le cuesta decirlo. Esta semana a Macklemore le ha costado ocho conciertos en estadios. Dijo dos palabras desde el escenario —Free Palestine— y lo echaron de una de las giras más grandes del año (la de Ed Sheeran).

Ben Haggerty nació en Seattle en 1983 y construyó su carrera al margen de la industria. Junto al productor Ryan Lewis publicó The Heist (2012) sin sello discográfico detrás, vendió millones de copias y arrasó en los Grammy de 2014 con cuatro premios, incluido el de mejor artista revelación. Un rapero blanco, independiente y de éxito masivo: una anomalía en todos los sentidos.

Lo que le separa de casi cualquier otro artista de su escala es que lleva quince años usando el altavoz para cosas que le cuestan dinero. En 2012 publicó Same Love a favor del matrimonio igualitario, cuando el hip hop mayoritario aún no había llegado ahí. En 2024 publicó Hind's Hall y donó los ingresos a la UNRWA. No es una conversión reciente ni un gesto calculado: es humanidad.

Macklemore abría los conciertos de Ed Sheeran en la etapa estadounidense de su Loop Tour. En el MetLife Stadium interpretó Hind's Hall y dijo Free Palestine desde el escenario. El 14 de septiembre de 2026 quedó fuera de ocho de las diez fechas que restaban.

Robert Kraft, propietario de los New England Patriots y del Gillette Stadium, ha confirmado públicamente que fue él quien organizó el veto entre propietarios de estadios y lo ha defendido alegando que su recinto no dará "plataforma para el discurso de odio". La promotora, Messina Touring Group, sostiene que fueron los recintos los que avisaron de que no permitirían un concierto con Macklemore en el cartel. Ed Sheeran ha dicho que la decisión fue de la promotora y no suya, aunque ha evitado pronunciarse sobre la casa palestina alegando neutralidad (una neutralidad que no mantuvo en la agresión a Ucrania). Finneas, Lukas Graham y Aaron Rowe se bajaron de la gira en solidaridad porque, si eres neutral en este tipo de situaciones, lo que estás haciendo es ponerte del lado del agresor.

Un puñado de propietarios de estadios ha decidido qué se puede decir y qué no sobre un escenario y lo ha impuesto por la vía del músculo económico. Eso es censura aunque se disfrace de política de recinto. Llamar discurso de odio a pedir el fin de la matanza de una población civil es invertir el significado de las palabras.

Este blog está con Macklemore, sin matices. Y está con el pueblo palestino frente al genocidio que se está cometiendo en Gaza. Hind's Hall toma su nombre de Hind Rajab, una niña de seis años asesinada en Gaza. Si el precio de recordar su nombre en público son ocho estadios, el problema no es de quien lo recuerda.

Thrift Shop

El himno mundial a comprar ropa de segunda mano, con un riff de saxo que se pegó a toda una década. Es su canción más conocida y también la que peor le representa: una broma de tres minutos sobre gastarse veinte dólares en un abrigo usado que acabó vendiendo millones. Empieza por aquí si no le conoces de nada, y no te quedes.

Can't Hold Us

La demostración de que Ryan Lewis era la mitad del asunto: piano, percusión de fanfarria y un estribillo diseñado para estadios antes de que Macklemore llenara ninguno. La velocidad del fraseo es real, no un truco de estudio. Funciona igual de bien en unos Juegos Olímpicos que a las tres de la mañana.

Same Love

En 2012, un rapero de éxito defendiendo el matrimonio igualitario era todavía una rareza incómoda dentro del género. La canción es directa hasta lo desarmado, con el estribillo de Mary Lambert sosteniéndola por encima. Es el primer aviso de que este hombre iba a usar el micrófono para cosas que le podían salir caras.

Otherside

Su tema sobre la adicción, escrito desde dentro y sin una sola frase de autoayuda. Macklemore ha hablado abiertamente de su historial con las drogas y aquí no se protege: describe el consumo con el detalle de quien lo conoce y la lucidez de quien ha salido. Para quien piense que lo suyo era solo el saxo y las gafas de sol.

Hind's Hall

Publicada en mayo de 2024 en apoyo a las acampadas universitarias por Palestina, con todos los ingresos donados a la UNRWA. El título remite al edificio de la Universidad de Columbia que los estudiantes rebautizaron en memoria de Hind Rajab. Se convirtió en el single en solitario más exitoso de su carrera y es, dos años después, la canción por la que le han echado de ocho estadios. Escúchala y juzga tú si eso es discurso de odio.

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Cinco canciones para conocer Syd Barrett

A casi todos los músicos se les recuerda por lo que hicieron. A Syd Barrett se le recuerda sobre todo por lo que dejó de hacer. Su antigua banda construyó media discografía alrededor de su ausencia, y el mito del genio roto acabó tapando lo único que de verdad importa aquí: dos discos en los que se oye a alguien componiendo canciones como quien recuerda a medias una nana.

Roger Keith Barrett nació en Cambridge en 1946 y fundó Pink Floyd en 1965. El nombre lo puso él, juntando los de dos bluesmen estadounidenses: Pink Anderson y Floyd Council. Fue el compositor principal de The Piper at the Gates of Dawn (1967) y en 1968 quedó definitivamente fuera del grupo. En 1970 publicó sus dos únicos álbumes, The Madcap Laughs y Barrett, con la ayuda de sus excompañeros David Gilmour y Richard Wright en la producción. Después volvió a Cambridge y desapareció. Murió el 7 de julio de 2006, a los 60 años.

Su diferencia con el resto de la psicodelia británica está en el punto de partida. Los demás usaban lo infantil como decorado —caleidoscopios, cuentos, estribillos de corro—; Barrett escribía directamente desde esa lógica, la de las rimas de guardería que no necesitan tener sentido para funcionar. Y sus discos en solitario conservan todo lo que cualquier productor habría limpiado: guitarras que se descuelgan, arranques en falso, tomas que se caen a la mitad y siguen sonando. No es descuido. Es el retrato.

Terrapin

Abre The Madcap Laughs y marca el tono de todo lo que viene después: blues arrastrado, guitarra y voz prácticamente solas, sin red. Barrett canta medio compás por detrás de donde debería y esa desincronización constante es justo lo que hace que la canción respire. Para quien se acerque desde el Pink Floyd sinfónico, es la puerta más honesta.

Octopus

Se llamó Clowns and Jugglers antes de convertirse en el single que presentó el disco en noviembre de 1969, con Golden Hair en la cara B. Es un desfile de versos que saltan de imagen en imagen sin puente lógico y aun así deja una melodía que no se va. La canción que mejor explica por qué tanta gente intentó imitarle y nadie lo consiguió.

Dark Globe

Dos minutos escasos, voz y guitarra acústica, y ninguna de las salvaguardas habituales de Barrett: aquí no hay nonsense ni personajes tras los que esconderse. Se la conoce también como Wouldn't You Miss Me, por la pregunta que repite. Es incómoda de escuchar y es su canción más grande.

Baby Lemonade

El arranque de Barrett, su segundo y último álbum, publicado también en 1970. Aquí sí hay banda alrededor y se nota: el tema tiene estructura, riff y empuje pop, y demuestra que cuando alguien sostenía el andamiaje Barrett todavía podía escribir singles. Buena entrada para quien encuentre The Madcap Laughs demasiado desnudo.

Dominoes

Lo más cercano a una balada que dejó grabado, con una segunda mitad que se disuelve en un bucle de guitarras al revés y platillos flotando. Es el tema en el que mejor se oye lo que Gilmour aportaba como productor: dejarle ser raro sin dejar que se caiga. Si solo vas a escuchar una del segundo disco, que sea esta.

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Cinco canciones para conocer Truckfighters

Josh Homme, el hombre que definió el sonido del desierto de Palm Desert con Kyuss y Queens of the Stone Age, ha citado más de una vez a Truckfighters entre sus bandas favoritas. La ironía es que Truckfighters no ha pisado el desierto californiano en su vida: son de Örebro, Suecia, un país donde el sol se pone a las tres de la tarde en invierno. Y aun así, nadie ha facturado un desert rock más fiel al espíritu original que estos suecos.

La banda nació en 2001 de la mano de Oskar "Ozo" Cedermalm (bajo y voz) y Niklas "Dango" Källgren (guitarra), a los que pronto se sumaron Fredo a la segunda guitarra y Paco a la batería. Tras un par de demos y un split con la banda local Firestone, debutaron en 2005 con Gravity X, publicado en Fuzzorama Records y MeteorCity, el sello que en su día lanzó a bandas como Nebula. Dos años después llegó Phi, el disco que terminó de definir su fórmula.

Donde Kyuss buscaba trance y misticismo, Truckfighters buscan velocidad. Su riff es más directo, más melódico, casi pop en su estructura, aunque venga envuelto en toneladas de fuzz. Han girado con Fu Manchu, con quienes comparten esa vocación por el riff que se queda pegado a la primera escucha, y sobrevivieron a un parón indefinido en 2018 para volver menos de un año después. Cinco álbumes de estudio y ni un gramo de solemnidad desértica made in USA: la suya es una versión escandinava, más rápida y más limpia, del mismo sonido.

Desert Cruiser

De Gravity X (2005), su carta de presentación. Riff descendente, groove pesado y una producción que suena a garaje sueco intentando sonar a Palm Desert, y consiguiéndolo. Para quien quiera el desert rock sin filtros ni concesiones.

Fortyeight

De Phi (2007), el disco donde afinaron el equilibrio entre pesadez y melodía. Riff más trabajado, estribillo que se cuela sin avisar. Buena puerta de entrada para quien viene del stoner más clásico y quiere algo con más gancho.

The Chairman

De Universe (2014), el álbum de la reinvención tras varios años de silencio. Más directo, casi hardcore en su urgencia, con una producción más limpia que en sus primeros discos. Para quien piense que las bandas de stoner solo saben alargar canciones.

Mind Control

También de Universe, y probablemente su tema más reconocible fuera del circuito estrictamente stoner. Riff hipnótico, estructura de canción de radio disfrazada de himno fuzz. La que pondrías a alguien que nunca ha escuchado a la banda.

Calm Before The Storm

De V (2016), su último álbum de estudio hasta la fecha. Empieza como su tema más contenido y termina siendo de los más pesados del disco. Prueba de que después de quince años seguían encontrando ángulos nuevos a la misma fórmula.

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Cinco canciones para conocer Richard Wright

Richard Wright nunca buscó protagonismo. Mientras Roger Waters peleaba por el control conceptual y David Gilmour ponía la cara de guitarrista solista, él se quedaba detrás de un muro de teclados construyendo el espacio armónico que convirtió a Pink Floyd en algo distinto a una banda de rock. Sin su trabajo, discos como The Dark Side of the Moon sonarían planos.

Nacido en Londres en 1943, Wright estudiaba arquitectura en el Regent Street Polytechnic cuando conoció a Roger Waters y Nick Mason, con quienes fundaría Pink Floyd. Formado en piano clásico y con oído para el jazz, aportó desde el principio el color armónico de la banda: primero con el órgano Farfisa, después con Hammond y sintetizadores. Estuvo en casi todos los discos y giras del grupo, fue expulsado brevemente durante la grabación de The Wall y readmitido para The Division Bell. Murió de cáncer en 2008.

Waters escribía los conceptos y las letras; Gilmour ponía la voz solista y el filo de guitarra. Wright aportaba algo menos visible pero igual de decisivo: acordes de extracción jazzística, texturas casi ambientales, el aire entre las notas. Es el motivo por el que Pink Floyd sonaba a algo más grande que la suma de sus egos, y por el que hoy se le reivindica como el arquitecto sonoro silencioso de la banda.

The Great Gig in the Sky

Wright compuso la progresión de acordes; la cantante de sesión Clare Torry improvisó la voz sobre ella en una sola toma. El resultado es el momento más elevado de The Dark Side of the Moon, sin una sola palabra. Para quien piense que el rock necesita letra para conmover, esta pieza es la respuesta.

Us and Them

Los acordes vienen de un tema que Wright había escrito para la banda sonora de Zabriskie Point y que Antonioni rechazó; años después se convirtió, con letra de Waters, en una de las piezas más melancólicas de la banda. Ideal para quien busque el lado más jazzístico de Pink Floyd.

Echoes

Veintitrés minutos que ocupan toda la cara B de Meddle (1971) y que anticipan el sonido de Dark Side of the Moon. El característico "ping" de submarino nació de un accidente de Wright con su piano a través de un amplificador Leslie. Para quien quiera entender de dónde sale el Pink Floyd más expansivo.

Shine On You Crazy Diamond (Parts 1-5)

El sintetizador con el que Wright abre este homenaje a Syd Barrett tarda minutos en dejar entrar a la banda; es puro suspense armónico antes de la guitarra de Gilmour. Recomendable para quien disfrute del rock progresivo que se toma su tiempo.

Wearing the Inside Out

En 1994, veinte años después de cantar en "Time", Wright volvió a ponerse frente al micrófono como voz principal, coescribiendo la letra con Anthony Moore. Es la única canción de The Division Bell en la que Gilmour no figura como compositor. Para quien quiera escuchar al Wright menos conocido: el cantante.

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Cinco canciones para conocer Childish Gambino

Pocos artistas han conseguido lo que hizo Donald Glover: entrar por la puerta de la comedia, ganarse el respeto como actor y guionista, y aun así lograr que la industria musical lo tomara en serio como algo más que un famoso jugando a hacer discos. Childish Gambino no pidió permiso para cambiar de sonido cada disco, y esa falta de miedo es lo que lo hace interesante.

Donald McKinley Glover Jr. nació en 1983 en la Base Aérea de Edwards, California, y creció en Stone Mountain, Georgia. Se formó en la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York y a los 23 años ya escribía para "30 Rock". El nombre Childish Gambino salió de un generador de nombres del Wu-Tang Clan, y bajo ese alias construyó una carrera que mezcla hip hop, R&B, funk, soul y experimentación electrónica sin quedarse fijo en ninguno.

A diferencia de sus contemporáneos del hip hop, que suelen pulir una fórmula y repetirla, Gambino trata cada álbum como una pieza conceptual distinta, ligada a un momento vital concreto: el rap melódico de "Because the Internet", el giro funk setentero de "Awaken, My Love!", el desmontaje introspectivo de "3.15.20". Es una apuesta que casi nadie con su nivel de éxito se permite.

3005

El primer single de "Because the Internet" (2013), con un estribillo tan pegadizo que le abrió por primera vez las puertas del Billboard Hot 100. Detrás de la melodía amable hay una letra sobre el miedo a quedarse solo. Para quien quiere hip hop melódico con algo real que contar, no solo punchlines.

Sober

Adelanto del EP "Kauai" (2014), con un vídeo de Glover bailando torpe y borracho en un restaurante de comida para llevar. Es la cara más ligera y desenfadada del artista, sin ninguna pretensión detrás. Ideal para entrar en su catálogo sin exigencias.

Redbone

La canción que lo cambió todo. Homenaje directo al funk setentero de Bootsy Collins y George Clinton, le valió el Grammy a Mejor Interpretación R&B Tradicional y sonó en la escena de apertura de "Get Out". Para quien ama el soul clásico y no esperaba encontrarlo en un artista al que etiquetaban de rapero.

Feels Like Summer

Una reflexión sobre el calentamiento global envuelta en un vídeo animado que rinde homenaje a íconos negros de la música, de Michael Jackson a Whitney Houston. Para quien valora que un tema con mensaje no renuncie a ser disfrutable.

This Is America

La cumbre. Una crítica frontal a la violencia armada y el racismo en Estados Unidos que arrasó en los Grammy de 2019 (incluyendo Canción y Grabación del Año) y se convirtió en fenómeno cultural más allá de la música. Para quien todavía se pregunta por qué se habla de Childish Gambino como algo más que un músico con suerte.

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