Hay guitarristas que se reconocen por la velocidad y otros por el volumen. A David Gilmour se le reconoce por lo que no toca: una nota que tarda en llegar, un bend que se queda suspendido medio segundo más de lo razonable, un silencio que pesa tanto como el solo. Fuera de la nave nodriza, esa forma de respirar la música se escucha sin intermediarios. Y resulta que tiene poco que ver con el Gilmour que muchos creen conocer.
Nacido en Cambridge en 1946, Gilmour entró en Pink Floyd en 1968 para cubrir el hueco que iba dejando Syd Barrett, y acabó siendo la voz y la guitarra que definieron el sonido del grupo. Su carrera en solitario es corta y espaciada: cinco discos de estudio entre 1978 y 2024, con un paréntesis de 22 años entre el segundo y el tercero. Poca cantidad, pero cada entrega tiene razón de ser.
Donde Roger Waters construye álbumes conceptuales con tesis, Gilmour escribe canciones. No hay grandes relatos ni muros que derribar: hay paisajes, pérdidas, algo de rabia contenida y mucho oficio. En los últimos discos las letras son de su mujer, la novelista Polly Samson, y él se concentra en lo que mejor sabe hacer, que es darle a cada frase el tono exacto.
There's No Way Out of Here
El single de su debut de 1978 ni siquiera es suyo: lo escribió Ken Baker, líder de Unicorn, una banda que Gilmour había producido. Él la hizo tan suya que suena a Floyd de la época de Animals, con una tensión que va subiendo sin prisa. Para quien quiera ver cómo sonaba Gilmour con las manos libres, justo antes de The Wall.
You Know I'm Right
De About Face (1984), el disco que grabó con músicos como Jeff Porcaro, Pino Palladino, Jon Lord o Steve Winwood mientras Pink Floyd se desmoronaba. Es de lo más duro que ha grabado, y la letra se ha leído siempre como un recado directo a Waters. La producción delata los ochenta, pero la guitarra no: aquí está el Gilmour que muerde.
On an Island
Un vals lento inspirado en la isla griega de Kastelorizo, con David Crosby y Graham Nash a los coros y Richard Wright al órgano. El disco salió el día que Gilmour cumplía 60 años y le dio su primer número uno en solitario en Reino Unido. Es la puerta de entrada perfecta para quien viene de Wish You Were Here y busca esa misma calma.
Rattle That Lock
Todo arranca con la sintonía de cuatro notas que suena antes de los avisos por megafonía en las estaciones de la SNCF francesa, grabada por Gilmour con su móvil. Sobre ese soniquete monta un rock con swing y una letra de Polly Samson basada en El paraíso perdido de Milton. La prueba de que a los casi setenta todavía sabía sacudirse la etiqueta de músico contemplativo.
Between Two Points
Una versión del dúo de dream pop The Montgolfier Brothers incluida en Luck and Strange (2024), con su hija Romany a la voz principal. Gilmour se aparta y deja que la canción respire, y su guitarra entra solo cuando hace falta. Para quien piense que un veterano del rock clásico ya no puede sorprender.
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