Hay un riff de sintetizador que todo el mundo sabe tararear y un nombre que casi nadie recuerda. Esa es la paradoja de Alice Deejay: firmaron uno de los himnos más reconocibles de la historia del dance y aun así el gran público sigue sin saber quién estaba detrás. Ni siquiera era una persona. Ni siquiera era, en el sentido clásico, un grupo.
Alice Deejay fue un proyecto de estudio nacido en Ámsterdam a finales de los 90, creado por un equipo de productores holandeses con Judith Pronk como voz y cara visible. Su single "Better Off Alone" se convirtió en un éxito mundial, y en marzo de 2000 publicaron su único álbum, Who Needs Guitars Anyway?, que entró en el top 10 británico y superó el millón de copias vendidas. En 2002 el proyecto se disolvió. Historia completa: apenas cuatro años.
Lo que les diferencia está en el propio título del disco: ¿quién necesita guitarras? En plena era del nu-metal y el brit-rock, unos productores holandeses plantaron esa pregunta en la portada de un álbum de trance-pop. Y el tiempo les dio la razón: aquel sonido limpio y eufórico anticipó el dominio holandés de la música electrónica global que décadas después encarnaría Martin Garrix. Alice Deejay no era una banda: era una fórmula. Y funcionó.
Better Off Alone
El himno. Número 2 en las listas británicas, disco de platino y un riff que lleva más de veinticinco años sonando en pistas, festivales y samples ajenos. Si solo escuchas una canción de esta lista, es esta: es la definición misma del eurodance de fin de milenio.
Back in My Life
La prueba de que no eran flor de un día. Repite la fórmula del debut —sintetizador punzante, voz etérea, euforia melancólica— y vuelve a funcionar en toda Europa. Para quien piense que Alice Deejay fue cosa de una sola canción, este es el contraargumento.
Will I Ever
El tercer single mantiene el pulso pero endurece el sonido, con una producción más cercana al trance de club que al pop de radio. Es la favorita de quienes vivieron aquellas pistas de baile de primera mano y la puerta de entrada ideal para el oyente de techno melódico actual.
The Lonely One
La cara más melancólica del proyecto, y la que mejor demuestra que debajo de la euforia había canciones de verdad. La tristeza bailable es un arte difícil, y aquí lo bordan. Para quien conecta con ese dance que se canta con un nudo en la garganta.
Celebrate Our Love
El último single relevante del proyecto y su despedida en clave luminosa. No alcanzó la repercusión de sus predecesores, pero cierra el círculo de un catálogo breve y sorprendentemente coherente. Para completistas y para quien quiera escuchar cómo suena el final de una era.
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