Una banda que cobraba cinco dólares la entrada, se negaba a vender camisetas y no hacía vídeos, y aun así llenaba salas en todo el mundo. Fugazi demostró que se puede ser enorme sin pedirle permiso a nadie.
Nacieron en 1986 en Washington D.C. de la mano de Ian MacKaye y Guy Picciotto, con Joe Lally al bajo y Brendan Canty a la batería, y editaron toda su obra en Dischord Records, el sello independiente de la escena hardcore de la ciudad. Su sonido parte del post-hardcore: guitarras que se persiguen, líneas de bajo que llevan la melodía y dos voces que se pisan y se contestan.
Lo que les separa de sus contemporáneos es la coherencia. Entradas baratas (su objetivo era que no pasaran de cinco dólares), cero concesiones a la industria y una pausa indefinida desde 2002 que nunca han dado por terminada. Y detrás de la ética hay canciones que no se parecen entre sí: cada disco es una forma distinta de tensar la cuerda.
Waiting Room
Un bajo que arranca solo y una guitarra que entra como un portazo: la presentación perfecta de la banda, con una de sus primeras canciones, de su EP de 1988. Para quien quiera saber por qué se habla tanto de Fugazi, aquí está la respuesta en tres minutos.
Merchandise
Una canción sobre cómo el consumo se come la protesta, incluida en Repeater (1990). Ritmo tenso, estribillo casi hablado y un mensaje que sigue incomodando. Para quien cree que el punk sirve para algo más que para hacer ruido.
Blueprint
De Red Medicine (1995), el disco en el que se permitieron ser raros: más espacio, más texturas, menos prisa. Blueprint es una canción que construye en lugar de golpear. Ideal para quien se aburre con el hardcore directo pero quiere intensidad.
Long Division
También de Red Medicine, con un riff nervioso y una estructura que no deja de girar sobre sí misma. Es la prueba de que Fugazi podía sonar áspero y bailable a la vez. Para quienes llegan desde el rock alternativo de los noventa.
Furniture
Título del EP de 2001 que da nombre a esta pieza: un Fugazi más contenido y melódico, con la calma de quien ya no tiene nada que demostrar. Para quienes prefieren la tensión que se aguanta a la que estalla.
Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es Repeater (1990): disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.
