Cinco canciones para conocer Marcus Miller

Hay discos que suenan a un artista y discos que suenan a una época, y detrás de unos cuantos de los segundos hay un tipo con un bajo Fender de 1977 que nadie veía en la portada. Marcus Miller es el músico que convirtió el bajo eléctrico en voz solista, compositor y arquitecto de sonido.

Nació en Brooklyn en 1959, en una familia de músicos, y se formó como clarinetista antes de dedicarse al bajo. Tras unos quince años como músico de sesión, con más de quinientas grabaciones a sus espaldas, se convirtió en el cerebro creativo de Tutu (1986), Music from Siesta (1987) y Amandla (1989) para Miles Davis, y en arreglista y coproductor de buena parte de la obra de Luther Vandross.

Lo que le distingue de otros grandes bajistas no es la velocidad, sino el criterio: piensa como productor, compone como arreglista y toca como un percusionista que además canta melodías. Ganó un Grammy al mejor álbum de jazz contemporáneo con M² y fue nombrado Artista por la Paz de la UNESCO en 2012.

Tutu

El tema que da título al álbum de Miles Davis de 1986, compuesto y producido por Miller, y que fijó el sonido sintético y sedoso del Miles de los ochenta. Aquí, en una versión en directo años después: la prueba de que la melodía aguanta sin sintetizadores. Para quien crea que el jazz eléctrico es frío.

Run for Cover

Una pieza de groove nervioso y melodía pegadiza, con el bajo marcando la línea principal en vez de limitarse a acompañarla. Es la mejor puerta de entrada para quien viene del funk o del pop y quiere saber qué hace Miller con cuatro cuerdas.

Panther

Miller en formato charla y concierto, repasando su relación con Miles Davis mientras toca. Más que un single, es una lección: te explica cómo un bajista acaba dirigiendo el sonido de un trompetista legendario. Para quienes disfrutan entendiendo cómo se hace.

Papa Was a Rolling Stone

Reinterpretación del clásico de The Temptations en directo, con Larry Braggs y Cory Henry. Miller convierte una canción soul en un vehículo para el bajo y el groove, sin perder el pulso original. Perfecta si vienes del soul y quieres ver hasta dónde se puede estirar.

Jekyll & Hyde

Un tema con carácter doble, como indica el título: bajo percusivo y slap contundente frente a pasajes más melódicos. Para quien quiera ver la técnica de Miller en primer plano.

Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es Tutu, de Miles Davis, que Miller compuso y produjo: disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.

Cinco canciones para conocer Monster Magnet

Hay bandas que miran al espacio con telescopio y otras que se meten dentro con una guitarra saturada y un tebeo de Marvel en el bolsillo. Monster Magnet es de las segundas: rock pesado que suena a cohete averiado, letras que mezclan ciencia ficción de quiosco con excesos muy terrenales y un cantante que se toma en serio la grandilocuencia justo lo suficiente para que funcione.

El grupo nace en 1989 en Red Bank, Nueva Jersey, alrededor de Dave Wyndorf, John McBain y Tim Cronin. Antes de dar con el nombre —sacado de un juguete de los sesenta que a Wyndorf le fascinaba de niño— barajaron cosas como Dog of Mystery o King Fuzz, que ya dicen bastante de por dónde iban los tiros. La formación ha cambiado muchas veces; la única constante es Wyndorf, cerebro, voz y guitarra del proyecto. Su terreno es el cruce entre stoner, space rock y hard rock, con Hawkwind y la psicodelia setentera como brújula.

Junto a Kyuss, Fu Manchu, Sleep o Masters of Reality, se les atribuye haber dado forma al stoner rock. Pero mientras los del desierto californiano buscaban el trance, Monster Magnet apostó por el espectáculo: estribillos pensados para estadios, imaginería de cómic y una actitud de estrella de rock que el género casi siempre miró con desconfianza. Esa ambición les llevó de girar con Soundgarden a principios de los noventa a meter un single en el top 3 de la radio rock estadounidense.

Spine of God

El tema que da nombre a su primer disco largo (1991), un álbum que no vendió pero que hoy se considera uno de los clásicos fundacionales del stoner. Lento, espeso y alucinado: aquí está el Monster Magnet de sótano, antes de cualquier ambición comercial. Para quien quiera entender de dónde sale el género, no solo escucharlo.

Twin Earth

Single de Superjudge (1993), su debut en una multinacional. Es una relectura de "Mesmerization Eclipse" de Captain Beyond, y la jugada dice mucho de Wyndorf: rescatar el rock pesado olvidado de los setenta y devolverlo con más volumen. Ideal para quien busque riffs con aire cósmico sin perder pegada.

Negasonic Teenage Warhead

Su primer éxito, extraído de Dopes to Infinity (1995), con un vídeo que MTV puso en rotación habitual. El título acabó bautizando a un personaje de Marvel, el mismo que años después aparecería en las películas de Deadpool: el cómic le devolvió el favor a la banda que tanto lo citaba. La puerta de entrada perfecta si vienes del rock alternativo de los noventa.

Space Lord

El gran pelotazo de Powertrip (1998) y su canción más conocida, con un vídeo rodado en Las Vegas por Joseph Kahn. Un himno de puño en alto con alma psicodélica que llegó al número 3 de la lista Mainstream Rock de Billboard. Para quien quiera oír el stoner vestido de rock de estadio sin pedir perdón.

Powertrip

Wyndorf se mudó a Las Vegas para escribir el disco, y esta canción es el resultado más directo: ego, velocidad y cero sutileza. Ha sonado en películas, en eventos de la WWE y en videojuegos como MotorStorm o Far Cry 5, lo que da idea de su efecto inmediato. Para poner cuando haga falta subir las revoluciones.

Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es Powertrip (1998): disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.

Cinco canciones para conocer David Gilmour

Hay guitarristas que se reconocen por la velocidad y otros por el volumen. A David Gilmour se le reconoce por lo que no toca: una nota que tarda en llegar, un bend que se queda suspendido medio segundo más de lo razonable, un silencio que pesa tanto como el solo. Fuera de la nave nodriza, esa forma de respirar la música se escucha sin intermediarios. Y resulta que tiene poco que ver con el Gilmour que muchos creen conocer.

Nacido en Cambridge en 1946, Gilmour entró en Pink Floyd en 1968 para cubrir el hueco que iba dejando Syd Barrett, y acabó siendo la voz y la guitarra que definieron el sonido del grupo. Su carrera en solitario es corta y espaciada: cinco discos de estudio entre 1978 y 2024, con un paréntesis de 22 años entre el segundo y el tercero. Poca cantidad, pero cada entrega tiene razón de ser.

Donde Roger Waters construye álbumes conceptuales con tesis, Gilmour escribe canciones. No hay grandes relatos ni muros que derribar: hay paisajes, pérdidas, algo de rabia contenida y mucho oficio. En los últimos discos las letras son de su mujer, la novelista Polly Samson, y él se concentra en lo que mejor sabe hacer, que es darle a cada frase el tono exacto.

There's No Way Out of Here

El single de su debut de 1978 ni siquiera es suyo: lo escribió Ken Baker, líder de Unicorn, una banda que Gilmour había producido. Él la hizo tan suya que suena a Floyd de la época de Animals, con una tensión que va subiendo sin prisa. Para quien quiera ver cómo sonaba Gilmour con las manos libres, justo antes de The Wall.

You Know I'm Right

De About Face (1984), el disco que grabó con músicos como Jeff Porcaro, Pino Palladino, Jon Lord o Steve Winwood mientras Pink Floyd se desmoronaba. Es de lo más duro que ha grabado, y la letra se ha leído siempre como un recado directo a Waters. La producción delata los ochenta, pero la guitarra no: aquí está el Gilmour que muerde.

On an Island

Un vals lento inspirado en la isla griega de Kastelorizo, con David Crosby y Graham Nash a los coros y Richard Wright al órgano. El disco salió el día que Gilmour cumplía 60 años y le dio su primer número uno en solitario en Reino Unido. Es la puerta de entrada perfecta para quien viene de Wish You Were Here y busca esa misma calma.

Rattle That Lock

Todo arranca con la sintonía de cuatro notas que suena antes de los avisos por megafonía en las estaciones de la SNCF francesa, grabada por Gilmour con su móvil. Sobre ese soniquete monta un rock con swing y una letra de Polly Samson basada en El paraíso perdido de Milton. La prueba de que a los casi setenta todavía sabía sacudirse la etiqueta de músico contemplativo.

Between Two Points

Una versión del dúo de dream pop The Montgolfier Brothers incluida en Luck and Strange (2024), con su hija Romany a la voz principal. Gilmour se aparta y deja que la canción respire, y su guitarra entra solo cuando hace falta. Para quien piense que un veterano del rock clásico ya no puede sorprender.

Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es On an Island: disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.

Cinco canciones para conocer Zoo

Pocas bandas se despiden en lo más alto y menos aún lo hacen después de haber demostrado que el idioma en el que cantas no es una condena comercial. Zoo hizo las dos cosas: llenó recintos grandes rapeando en valenciano y, cuando tenía el mercado abierto, decidió cerrar la puerta ella misma.

El grupo nace en Gandía en 2014 alrededor de Panxo (Toni Sánchez), que venía de Orxata Sound System y de Sophy Zoo, y que además es hermano de Pablo Sánchez, de La Raíz. Con él, un sexteto poco ortodoxo para el rap: Arnau Giménez a la guitarra, Marcos Úbeda al trombón, Natxo Císcar al bajo y Héctor Galán a los teclados y los platos. Tres discos de estudio —Tempestes vénen del sud (2014), Raval (2017) y Llepolies (2021)—, hip hop cruzado con breakbeat, ska, rock y electrónica de club, y letras que no disimulan de qué lado están.

La diferencia con casi todo lo que sonaba a su alrededor está en cómo trataron la lengua. Para muchos grupos el valenciano funcionaba como marca de identidad o como guiño folclórico; en Zoo era materia prima para el rap y para la pista de baile, sin pedir permiso y sin traducirse al castellano cuando la puerta del mercado grande se abrió. A eso súmale una banda de verdad en directo —metales incluidos— donde el género suele conformarse con un DJ y dos micros. En enero de 2024 anunciaron el final y el 13 de julio cerraron en Gandía, donde había empezado todo.

Estiu

El single de 2014 que los puso en el mapa antes de que existiera el disco: breakbeat, metales y un estribillo de verano que se movió solo por las redes y acumuló alrededor de millón y medio de reproducciones en muy poco tiempo. Es la puerta de entrada obvia y también la prueba de concepto de todo lo demás. Si te gusta el rap que suena a fiesta de pueblo con sistema de sonido, empieza aquí.

La mestra

La mejor letra que escribieron y una de las mejores canciones políticas del pop de este país: la historia real de Marifé Arroyo, la maestra que entre 1974 y 1982 sacó adelante un proyecto de escuela popular, democrática y en valenciano en Barx, en la Safor. Ganó el Premi Cerverí a la mejor letra del año y se entiende por qué: cuenta una biografía concreta y a la vez retrata toda una represión cultural. Escúchala aunque no entiendas valenciano; luego busca la traducción.

Dilo en castellano

La respuesta de Zoo a la pregunta más repetida de su carrera, con César Strawberry y Def Con Dos de invitados y DJ Plan-B en los platos. Aquí no hay metáfora: es una canción sobre la imposición lingüística escrita por gente harta de justificarse. Uno de los momentos más duros y más divertidos de Raval.

Tobogan

El gran éxito de Llepolies (2021), el disco en el que aflojaron la consigna y subieron el humor y el pop sin perder el filo. Con temas así llegaron a compartir listas de ventas con nombres del mainstream más absoluto, algo que ningún grupo en valenciano había hecho antes. Es la canción que ponerle a quien te diga que la música en valenciano es cosa de minorías.

Epíleg

Publicada en mayo de 2024, en plena gira de despedida: un grupo escribiendo su propio final mientras lo ejecuta. Funciona como epílogo literal de diez años y como algo bastante raro en la música popular, que es un adiós hecho a tiempo y con la cabeza fría. El cierre lógico de esta lista.

Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es Llepolies: disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.

Cinco canciones para conocer Roger Waters

En julio de 1978 Roger Waters puso dos maquetas sobre la mesa y le pidió a Pink Floyd que eligieran: una sería el próximo disco del grupo, la otra su álbum en solitario. Escogieron la que se llamaba Bricks in the Wall. La descartada se quedó seis años en un cajón y salió en 1984, ya sin banda detrás. Toda la carrera en solitario de Waters se entiende desde ahí: es el hombre que siguió escribiendo los discos que Pink Floyd habría hecho si Pink Floyd hubiera sido solo él.

George Roger Waters (Surrey, 1943) fue bajista, letrista y motor conceptual de Pink Floyd hasta su marcha formal en 1985. En solitario ha firmado cuatro discos de canciones —The Pros and Cons of Hitch Hiking (1984), Radio K.A.O.S. (1987), Amused to Death (1992) e Is This the Life We Really Want? (2017)—, además del montaje de The Wall en Berlín en 1990 y la ópera Ça Ira en 2005. Cuatro álbumes en cuarenta años: nadie ha acusado nunca a Waters de trabajar deprisa.

La diferencia con sus contemporáneos, incluidos sus propios excompañeros, es de materia prima. Richard Wright construía atmósferas; David Gilmour construía sonido. Waters construye guiones. Sus discos tienen personajes con nombre, diálogos, locutores de radio, anuncios electorales reales, perros ladrando y relojes que avanzan en tiempo real. Siguió haciendo álbumes conceptuales cuando el formato ya se daba por muerto y por ridículo, sin rebajar ni una coma. Eso lo convierte en un artista incómodo y, para quien entra, en uno de los pocos que todavía exigen escuchar un disco entero y seguido.

5:01AM (The Pros and Cons of Hitch Hiking, Pt. 10)

El disco de 1984 transcurre entre las 4:30 y las 5:12 de la madrugada, minuto a minuto: cada título es una hora exacta. Esta es la pieza que da nombre al conjunto y la que lleva encima el solo de Eric Clapton, contratado como guitarrista de la banda al completo. Si alguien quiere comprobar qué habría sido The Wall de haber ganado la otra maqueta, empieza aquí.

The Tide Is Turning (After Live Aid)

Cierra Radio K.A.O.S., un disco sobre un chico galés en silla de ruedas que escucha ondas de radio dentro de la cabeza y acaba haciendo creer al mundo que caen los misiles. Después de cuarenta minutos de monetarismo, Thatcher y guerra fría, Waters firma algo que no vuelve a hacer casi nunca: una canción esperanzada. Él mismo ha dicho después que detesta los coros. Escúchala igualmente: es la única puerta luminosa de toda su obra.

Perfect Sense, Pt. I

Amused to Death (1992) es su disco mayor y está mezclado en QSound, un sistema que coloca los sonidos fuera de los altavoces: hay ruidos que parecen venir de detrás del sofá. Aquí la voz de P.P. Arnold entra como un coro gospel sobre la idea central del álbum, que la televisión ha convertido la guerra en espectáculo deportivo. Con auriculares y a oscuras cambia de tamaño.

What God Wants, Pt. I

El ataque frontal del mismo disco contra los telepredicadores y el negocio de la fe televisada, con Jeff Beck a la guitarra solista. Beck aparece en varios cortes de Amused to Death y es el mejor argumento de que Waters sabe exactamente a quién llamar cuando necesita a alguien que diga lo que él no puede decir cantando.

Déjà Vu

Veinticinco años después de Amused to Death, Waters volvió con un disco producido por Nigel Godrich, el hombre de Radiohead, que lo empujó a rebajar el aparato teatral y dejar las canciones desnudas. El resultado es esto: una canción que empieza imaginando qué haría él si fuera Dios y que se sostiene sin decorado, sin personajes y sin narrador. Prueba de que el conceptualista también sabía escribir a secas.

Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es Amused to Death: disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.