Cinco canciones para conocer Roger Waters

En julio de 1978 Roger Waters puso dos maquetas sobre la mesa y le pidió a Pink Floyd que eligieran: una sería el próximo disco del grupo, la otra su álbum en solitario. Escogieron la que se llamaba Bricks in the Wall. La descartada se quedó seis años en un cajón y salió en 1984, ya sin banda detrás. Toda la carrera en solitario de Waters se entiende desde ahí: es el hombre que siguió escribiendo los discos que Pink Floyd habría hecho si Pink Floyd hubiera sido solo él.

George Roger Waters (Surrey, 1943) fue bajista, letrista y motor conceptual de Pink Floyd hasta su marcha formal en 1985. En solitario ha firmado cuatro discos de canciones —The Pros and Cons of Hitch Hiking (1984), Radio K.A.O.S. (1987), Amused to Death (1992) e Is This the Life We Really Want? (2017)—, además del montaje de The Wall en Berlín en 1990 y la ópera Ça Ira en 2005. Cuatro álbumes en cuarenta años: nadie ha acusado nunca a Waters de trabajar deprisa.

La diferencia con sus contemporáneos, incluidos sus propios excompañeros, es de materia prima. Richard Wright construía atmósferas; David Gilmour construía sonido. Waters construye guiones. Sus discos tienen personajes con nombre, diálogos, locutores de radio, anuncios electorales reales, perros ladrando y relojes que avanzan en tiempo real. Siguió haciendo álbumes conceptuales cuando el formato ya se daba por muerto y por ridículo, sin rebajar ni una coma. Eso lo convierte en un artista incómodo y, para quien entra, en uno de los pocos que todavía exigen escuchar un disco entero y seguido.

5:01AM (The Pros and Cons of Hitch Hiking, Pt. 10)

El disco de 1984 transcurre entre las 4:30 y las 5:12 de la madrugada, minuto a minuto: cada título es una hora exacta. Esta es la pieza que da nombre al conjunto y la que lleva encima el solo de Eric Clapton, contratado como guitarrista de la banda al completo. Si alguien quiere comprobar qué habría sido The Wall de haber ganado la otra maqueta, empieza aquí.

The Tide Is Turning (After Live Aid)

Cierra Radio K.A.O.S., un disco sobre un chico galés en silla de ruedas que escucha ondas de radio dentro de la cabeza y acaba haciendo creer al mundo que caen los misiles. Después de cuarenta minutos de monetarismo, Thatcher y guerra fría, Waters firma algo que no vuelve a hacer casi nunca: una canción esperanzada. Él mismo ha dicho después que detesta los coros. Escúchala igualmente: es la única puerta luminosa de toda su obra.

Perfect Sense, Pt. I

Amused to Death (1992) es su disco mayor y está mezclado en QSound, un sistema que coloca los sonidos fuera de los altavoces: hay ruidos que parecen venir de detrás del sofá. Aquí la voz de P.P. Arnold entra como un coro gospel sobre la idea central del álbum, que la televisión ha convertido la guerra en espectáculo deportivo. Con auriculares y a oscuras cambia de tamaño.

What God Wants, Pt. I

El ataque frontal del mismo disco contra los telepredicadores y el negocio de la fe televisada, con Jeff Beck a la guitarra solista. Beck aparece en varios cortes de Amused to Death y es el mejor argumento de que Waters sabe exactamente a quién llamar cuando necesita a alguien que diga lo que él no puede decir cantando.

Déjà Vu

Veinticinco años después de Amused to Death, Waters volvió con un disco producido por Nigel Godrich, el hombre de Radiohead, que lo empujó a rebajar el aparato teatral y dejar las canciones desnudas. El resultado es esto: una canción que empieza imaginando qué haría él si fuera Dios y que se sostiene sin decorado, sin personajes y sin narrador. Prueba de que el conceptualista también sabía escribir a secas.

Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es Amused to Death: disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué te ha parecido?