Cinco canciones para conocer Syd Barrett

A casi todos los músicos se les recuerda por lo que hicieron. A Syd Barrett se le recuerda sobre todo por lo que dejó de hacer. Su antigua banda construyó media discografía alrededor de su ausencia, y el mito del genio roto acabó tapando lo único que de verdad importa aquí: dos discos en los que se oye a alguien componiendo canciones como quien recuerda a medias una nana.

Roger Keith Barrett nació en Cambridge en 1946 y fundó Pink Floyd en 1965. El nombre lo puso él, juntando los de dos bluesmen estadounidenses: Pink Anderson y Floyd Council. Fue el compositor principal de The Piper at the Gates of Dawn (1967) y en 1968 quedó definitivamente fuera del grupo. En 1970 publicó sus dos únicos álbumes, The Madcap Laughs y Barrett, con la ayuda de sus excompañeros David Gilmour y Richard Wright en la producción. Después volvió a Cambridge y desapareció. Murió el 7 de julio de 2006, a los 60 años.

Su diferencia con el resto de la psicodelia británica está en el punto de partida. Los demás usaban lo infantil como decorado —caleidoscopios, cuentos, estribillos de corro—; Barrett escribía directamente desde esa lógica, la de las rimas de guardería que no necesitan tener sentido para funcionar. Y sus discos en solitario conservan todo lo que cualquier productor habría limpiado: guitarras que se descuelgan, arranques en falso, tomas que se caen a la mitad y siguen sonando. No es descuido. Es el retrato.

Terrapin

Abre The Madcap Laughs y marca el tono de todo lo que viene después: blues arrastrado, guitarra y voz prácticamente solas, sin red. Barrett canta medio compás por detrás de donde debería y esa desincronización constante es justo lo que hace que la canción respire. Para quien se acerque desde el Pink Floyd sinfónico, es la puerta más honesta.

Octopus

Se llamó Clowns and Jugglers antes de convertirse en el single que presentó el disco en noviembre de 1969, con Golden Hair en la cara B. Es un desfile de versos que saltan de imagen en imagen sin puente lógico y aun así deja una melodía que no se va. La canción que mejor explica por qué tanta gente intentó imitarle y nadie lo consiguió.

Dark Globe

Dos minutos escasos, voz y guitarra acústica, y ninguna de las salvaguardas habituales de Barrett: aquí no hay nonsense ni personajes tras los que esconderse. Se la conoce también como Wouldn't You Miss Me, por la pregunta que repite. Es incómoda de escuchar y es su canción más grande.

Baby Lemonade

El arranque de Barrett, su segundo y último álbum, publicado también en 1970. Aquí sí hay banda alrededor y se nota: el tema tiene estructura, riff y empuje pop, y demuestra que cuando alguien sostenía el andamiaje Barrett todavía podía escribir singles. Buena entrada para quien encuentre The Madcap Laughs demasiado desnudo.

Dominoes

Lo más cercano a una balada que dejó grabado, con una segunda mitad que se disuelve en un bucle de guitarras al revés y platillos flotando. Es el tema en el que mejor se oye lo que Gilmour aportaba como productor: dejarle ser raro sin dejar que se caiga. Si solo vas a escuchar una del segundo disco, que sea esta.

Si quieres profundizar, el punto de partida ideal es The Madcap Laughs: disponible en Amazon Music y en edición física en Amazon.

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